Hay cosas que suelen morir, desaparecer, quedarse en algo que alguna vez fue nuestro.
Luego hay otras que permanecen, se quedan atrapadas en algún rincón de nosotros el cual buscamos de manera alocada, sin aliento. Nada, no hay forma de encontrarlo, no está....
De repente reaparece ese dolor, pincha, quema, arde, destroza... Lo único que hacemos es quejarnos o quedarnos callados en algún sitio de la oscuridad del alma esperando a que se pase, a que vuelva a su sitio, no nos gusta que esté deambulando por nuestra mente y nuestros sentimientos. Qué sensación más desagradable.
Se duerme, de nuevo volvemos al día a día, no somos felices pero intentamos serlo, queremos sustituir el vacío que ha quedado por dicho recuerdo pero no nos damos cuenta que no es vacío, es más bien todo lo contrario, está tan lleno, tan abarrotado de sensaciones que es imposible meter más. Ya sean buenas o malas, eso es indiferente ahora mismo.
Lo más gracioso es sentirte pleno lleno y cuando se mueva el monstruo guardado odiarte, entrar en un vacío, en una caída de vértigo, quieres llorar, no puedes, sólo te sale reír de la manera más absurda y más alocada que conoces, que incluso creías que no tenías. Te has convertido en un ser sin cordura, sin sentimientos, completamente lleno de nada, no hay color, no hay oscuridad, no hay luz, o quizá es que no sepas lo que hay.
No lo sé, lo más gracioso es intentar dar nombre a todo aquello que nos pasa, darle forma, color, vida, y no todo tiene que tener una forma determinada, ni tiene por qué existir, simplemente está ahí, lo sabes, lo sientes, pero las palabras se quedan cortas para definir a eso que llevas dentro y mientras te está matando.
Así normal que nadie te pueda ayudar, que nadie sepa con claridad lo que pasa, si ese algo sólo vive en ti, en nadie ni en nada de este mundo. Porque nadie nos dijo que fuésemos únicos y que lo verdadero es lo único que conocemos, ¿me equivoco?
No hay comentarios:
Publicar un comentario