Las hojas sin vida en el suelo que han sido abandonadas por los árboles.
Ese frío que te recorre cuando se levanta el más ligero aire, juega con tu pelo y hace que te estremezcas sintiendo un cosquilleo bastante agradable.
Cuando llueve y no quieres salir con paraguas porque cada gota que cae del cielo se confunde con tus lágrimas y no pareces una persona débil bajo la lluvia, pareces fuerte y resistente al agua. Te da todo igual y no piensas en lo empapado que vas a acabar...
El otoño... Esa estación que está antes del invierno, de la Navidad... Después del caluroso y agobiante verano y que no es tan pesado ni alterante como la primavera.
El otoño... Cuando lo único que te apetece es salir en los días soleados o lluviosos, quedarte en casa tranquilamente tapado, viendo una película y leer un libro que ya ha sido leído o volver a retomar la misma historia que te puso los pelos de punta tiempo atrás.
Para mí es mi momento favorito, en lo que todo tiene forma y color a la vez que desaparece por el frío, por la vida, por el paso del tiempo... Pero no pierde su hermosura y frescor, se mantiene vivo en los pequeños detalles, en las aves que quedan con el frío, en la ausencia de insectos, en la caída de las hojas, en el vuelo de los pájaros cuando andas, en el olor a hierba mojada, en la acera húmeda, en las gotas de lluvia pegadas a la ventana, en las luces de los coches, en las farolas encendidas nada mas anochecer... En ver la luna, en disfrutar una tormenta, en ver relámpagos iluminar la oscura tarde...
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