Esa sensación de vacío aunque estés con el alguien. No te sientes cómodo, necesitas salir y encontrarte con la nada para seguir con todo.
La rutina te maltrata, te tiene encarcelado en su rutina. En mi caso es una rutina obligatoria, pero podría cambiar pequeños matices como por ejemplo el sitio en el que me siento en el autobús, o el vagón en el que entro al metro, no mirar siempre el móvil para escuchar ciertas canciones, no ir por el mismo camino para llegar a clase, en los recreos no ir al mismo rincón de siempre...
Supongo que podría cambiar muchas cosas para no hacerlo todo de forma mecánica, pero es muy cómodo lo habitual, lo de siempre. No te obliga a pensar, lo haces todo sin ser consciente, realmente, de lo que haces. Sabes que lo tienes que hacer y no por gusto por lo que no estás pensando ni a dónde vas ni lo que tienes que hacer; simplemente caminas, avanzas y haces lo de siempre.
Es triste, muy triste..: Sobre todo cuando en la rutina de siempre te sientes solo y abandonado. Que no le importas a nadie hasta ciertas hora que, según lo de los de más días, tendrías que estar allí con esas personas que te esperan como algo más de lo que saben que va a ocurrir.
Sólo los insensatos, los locos, se salen de esta rutina, de esta cárcel, de este castigo impuesto por la sociedad. Porque cuando haces algo que no está escrito en el panfleto no eres normal, no puedes pertenecer a su grupo de gente aburrida pero que se sienten bien con no destacar, con ser ellos en un día más, de un mes cualquiera, en ese año que se celebró y que se despedirá.
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