Todo deja de tener sentido y sólo puedes sentir el silencio, el olor sin recuerdo, sin asociarlo a nada ni a nadie... Ese momento en el que tus pensamientos dejan de susurrar, gritar o simplemente a aparecer en tu mente. Cierras los ojos, estás en paz, nada te molesta, nada te perturba sólo estás tú.
La música es una melodía que te llena de calma, tranquilidad, al compás de tu respiración, de los latidos de tu corazón. Pero hay algo que falta, en este momento de placidez... No sabes qué es, la angustia de no pensar te ahoga, necesitas saber lo que te falta, lo que no te deja estar en completo estado de sosiego.
Te abrazas, sientes tu propio contacto, las lágrimas se deslizan por tus mejillas, tu grito se queda ahogado en la silenciosa melodía que se esconde sólo en tus oídos. Tu respiración empieza a ser irregular, y con ella tu corazón, ya no estás en armonía con tu entorno, el miedo se apodera de ti, quieres salir corriendo pero no sabes dónde. De repente, sin previo aviso te das cuenta de lo que te falta, un lugar, una persona que esté ahí para ayudarte, para no sentirte solo, saber que tus lágrimas pueden ser secadas y tus gritos convertirlos en risas.
Miras a tu alrededor, todo blanco, tampoco existe el color. ¡Tus manos están desapareciendo! Ya no estás totalmente en equilibrio, te vas, pero ¿qué mas da? No serás recordado por nadie, ni olvidado, nadie te llorará, tu existencia deja de tener sentido, te da igual desaparecer, no puedes hacer nada por nadie porque el vacío es lo único que te rodea. Agachas la cabeza y admites tu muerte, si acaso se puede llamar así.
Notas como careces poco a poco de movimiento, tu cuerpo deja de tener fuerza, hay partes que ya no puedes ver, son invisibles, aunque no sabes por qué duele, pero lo asumes sin llorar porque te da igual...
Abres los ojos, crees que por última vez pero... Te encuentras en tu habitación, tumbado en tu cama, ¡era un sueño! Sonríes y ríes, cualquiera que te oiga pensaría que estuvieras loco, pero te alegra el nuevo día que ha amanecido, el olor a hogar, a conocido. Escuchas el piar de los pájaros y das gracias de estar en un mundo tan imperfecto pero a la vez tan humano, has empezado a querer sus defectos.

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