Odio este dolor. Lo prefiero antes a la nada, pero noto como me destruye, como me va vaciando lentamente y no siento nada... Es putrefacto y asqueroso.
Es como si me quisiese matar y al no conseguirlo hace que yo intente soltarlo sin conseguir nada...
Odio como se va apoderando de mí por las noches y como consigue cambiarme en menos de unas horas. Se apodera de mí, o va acabando poco a poco con lo que quedaba en mi interior. En el día a día no siento nada, estoy vacía. Sonrío por inercia y, como siempre, para aparentar que todo va bien.
Una puta mierda, el mundo se abre bajo mis pies y no consigo frenarlo, sólo caigo al vacío y no paro de caer. No hay suelo que me frene reventándome la cabeza o partiéndome las piernas. No lo hay porque no hay fin para este sufrimiento que poco a poco va ganando la batalla y mientras el otro bando se queda sin fuerzas...
La existencia sin vida no es vida, es un producto del dolor y el sufrimiento, de la agonía y el odio. Una autodestrucción permanente que sólo puede terminar o con la muerte o con que la misma se dé cuenta de su grave error. Ambas muy dolorosa y una con un final sin retorno, o eso creemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario