Te tragaste cada ilusión que sonaba en mi pecho.
Mataste cada ilusión con cada gota que se derramaba sin pasión.
Alejaste de mí aquellos recuerdos que me permitían ver la luz del sol.
Me hiciste un ser tan vacío que no siento ni la menos desilusión, o quizá la sienta tanto que no noto su dolor por su gran intensidad.
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