Creo que he llegado a comprender todo lo que me pasa. Es todo demasiado sencillo como para que todo lo complique tanto por nada y para nada.
Todo se basa en sentimientos, tanto buenos como malos. Los malos hacen heridas en el alma, algunos han llegado a ser tan profundos que incluso se marcaban en mi piel. Los momentos buenos son aquellos que intentan curar todas las heridas que te dejan las personas que no te han querido, que te odiaban o que simplemente no han sabido quererte.
Para mí es importante que sepan querer, por lo que tengo miedo a entregarme a alguien porque no sé cómo quiere esa persona, no sé los sentimientos que tiene, lo desconozco.
Puedo llegar a saber sus intenciones, pero ahí me quedo, no puedo llegar a ponerme en sus sentimientos ni en la intensidad de los mismos, porque eso es único de cada persona, es su identidad, es su emoción, lo que le da vida en esta etapa tan difícil que no llegas a conocer a nadie por completo porque nadie se conoce por completo.
Supongo que intento no decepcionarme con nada y no me hago ilusiones acerca de nadie ni de nada. Prefiero vivir en una vida completamente lineal que con subidas y bajadas que sin quererlo las convierto en una línea recta.
Si la vida es una montaña rusa yo la he convertido en una línea recta que lo único que hace es descender, pocas veces sube y cuando lo hace no es por mí.
Me encantaría sentir el amor, pero ese amor que te entregas y que de alguna manera parte de tu felicidad le pertenece a esa persona, pero el miedo me hace ser muy cobarde, tanto que tengo miedo hasta de mí.
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