Grita alma escondida, grita hasta que te quedes sin aire y me quede tan vacía que duela.
Grita el alma encerrada en la cárcel de la desesperanza, con sus fríos hierros de la desilusión.
Grita corazón maltratado por la apatía.
Mi corazón prefiere romperse en mil pedazos antes de brillar con tanta intensidad que hasta ciega al sol y luego oscurecerse tanto que entra en un profundo agujeros negro de decepción.
Mi mente permanece tranquila pensando en tantas maneras y tantas situaciones, analizando cada pequeño detalle que la vuelve poco a poco hacia la locura mientras ella descansa tranquila sobre esa cárcel que sólo la ilusión conseguiría encerrarme allí.
Grita, grita, no servirá de nada porque todos los gritos son iguales. Mira tu sombra, es como la de todo el mundo, negra y oscura que sólo dibuja una silueta, supuestamente tu silueta.
Cierra los ojos e imagina que eres libre, que tu corazón vuela lejos de ese horrible lugar, que tu alma ya no se ahoga con sus propios gritos, que tu mente piensa tranquila sin ir hacia la locura.
Ese sentimiento de tranquilidad, de paz, ese sentimiento lo deseo con tanta fuerza en estos momentos que puedo creer tocarlo, es como si estuviese a mi lado y lo sintiera tan cerca que si me giro podría verlo con los ojos de la esperanza.
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