Muchas veces envidio a las máquinas, son ta eficientes, sin miedos, simplemente se encargan de su tarea, incluso hacerla bien o mal no depende de ellas. No tienen sentimientos, simplemente viven para lo que han sido creadas, su existencia es permanente, porque si se estropean para lo que han sido creadas se modifican para que hagan otra distinta...
No tienen que preocuparse de nada ni de nadie, no tienen pensamientos que las hagan dar mil vueltas a un asunto que no te lleva a ninguna parte. No tienen emociones al sentir una caricia, un beso... No lloran porque se les haya muerto alguien. No tienen miedo al mañana, no tienen recuerdos del ayer...
Sinceramente para mí ser máquina es algo muy fácil pero a la vez muy triste, se pierden vivir, se pierden sentir, se pierden tener mil emociones que recorren por tu piel, se pierden escuchar melodías que te llevan a unos pensamientos que nunca supiste que estuviesen encerrados en tu mente.
Lo verdaderamente triste son aquellas personas que no sientes, que están vacías por dentro, que su mirada inspira odio hacia su vida y asco a los que le rodean. Esas personas que no tienen ganas de vivir la vida que tienen por delante. Esas personas que las duele vivir más que morir. Esas personas que serán inmensamente infelices porque no saben hacer felices a los demás.
Sin quererlo he conocido a una persona así y siempre están de mal humor, siempre te sacan mil lágrimas porque su propia frustración la convierten en la tuya. Sus miedos son tus pesadillas de cada noche. Sus mentiras se convierten en verdades. Sus insultos se convierten en tus apellidos. Su impotencia se convierte en tu miedo. Su persona en tu odio.
Esas personas te destruyen lentamente aunque no estés con ellas al lado, porque son tan vacías que te llenan de odio hacia ti mismo. Te conviertes en tu propio destructor, en aquel que no quiere que seas feliz, en ese que te hace llorar cada noche porque recuerdas cada palabra que se te clava como un puñal en el alma.
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