miércoles, 10 de julio de 2013

Llega un punto en el que pensar duele.

Quieres abarcar tantos pensamientos junto tantas emociones que llega un momento en el que no te entiendes y no quieres que nada llegue a ser como piensas.
Empiezas con ligeros pensamientos que están bien e incluso te pueden salvar de una noche de mierda, pero hay otros que te llevan a una destrucción tan profunda que ni tú sabes lo que se está produciendo en tu interior.
No hay remedio para dejar de pensar, por desgracia vas a pensar y le vas a dar mil vueltas a un asunto que seguramente se solucionaría antes preguntando o simplemente dejarlo aparcado hasta que sucediese algo nuevo. Y ese suceso que te haría dejar de pensar en esa cosa provocaría en ti darle vueltas a eso nuevo que ha aparecido.

Con esta reflexión llego a la conclusión de que nunca paramos de pensar. Entonces pensar es una manera que tiene la vida de demostrarnos que seguimos vivos de una manera u otra.

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