jueves, 4 de julio de 2013

Trituraste mi alma.

Me fuiste rompiendo en mil pedazos, mientras mi alma se abría de arriba abajo. Veías las lágrimas caer sobre mis mejillas, nunca te paraste para secarlas.
El dolor que temían mis ojos al verte pronunciar cada palabra que me arruinaba cada esperanza, cada sueño, cada ilusión.
Llegaste a comprobar conmigo que el dolor no es sólo algo físico, sino también psicológico. El alma grita ahogada entre tanto llanto y cada suspiro.
Suspiros de decepción, de asumir cada palabra que hería mi alma. No podía verte a la cara y decirte lo que nunca sentí porque nunca te lo.mereciste. Esas palabras que sólo guardan un nombre, que no es el tuyo.
Tu nombre esconde la palabra amargura, soledad, desesperación, dolor, tristeza. Sólo pronunciar tu nombre me hace recordar cada hecho acontecido contigo.
Esos recuerdos que marcan el alma de cicatrices y la mente de perdiciones que sólo te llevan por el camino de la destrucción.
Te destruyes lentamente con el.paso del tiempo, el tiempo se te hace largo mientras estás vivo, te sientes incómodo el vivirlo día a día sin esperanzas a que nadie cambie.
El tiempo se vuelve tu olvido, tu dolor, tu angustia. Tu miedo a que pase lentamente mientras todo sigue igual y nada cambia.
Porque nada cambia, sólo modifica su apariencia.

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