martes, 7 de mayo de 2013

Cuento sin fin.


Hay historias que llegan lejos. Vuelan montes y atraviesan montañas. Son como dulces sueños que en un principio parecen imposibles de conseguir pero siempre, para que no lo veamos todo con la misma oscuridad de la noche, nos hacen creer que todo se puede lograr y que nada es imposible si te lo planteas de verdad.
Yo, con todo el dolor de mi corazón, he de decirte que es falso, todas las historias contadas de pequeños son mentira, todas y cada una de ellas. El mensaje que nos quería transmitir es sólo eso, un mensaje que se queda en el aire por si alguna vez estabas equivocado o no lo intentaste lo suficiente que te lo recuerden. Una y otra vez.
Superar los miedos es uno de ellos, aparece en todos y cada uno de los cuentos. Y no se dan cuenta aquellos que los cuentan que ellos mismos tienen temores que nunca se irán, y aunque creas que se han marchado y que no volverán... Estabas equivocado, sólo basta con un tropiezo para que vuelvan las sombras que creíste tener olvidadas en el pasado.

¿Te has dado cuenta que ningún cuento tiene un Final? Simplemente te han solucionado un problema, en una breve historia de toda una vida de un personaje el cuál lo inventaste para ayudar a aquellos a los que no puedes ayudar.
Para mí una historia con final es cuando termina con la muerte del narrador, de la persona que vive su historia, su cuento...

A mí los cuentos no me han servido de nada, los sigo viendo igual de absurdos. No tienen ningún sentido, ocurren cosas extrañas para promover la imaginación del niño y luego la sociedad se encarga de matarla lenta y dolorosamente. Esperan a que sea una máquina de ella, una pieza más que si falla ya será repuesta por otra, y así continuamente...
Nadie es vital. Lo siento. Ni tu madre, ni tu padre, ni tu hermana o hermano, ni tus amigos, ni tú. Nadie de los que conozcas su muerte hará cambiar el tiempo.
A lo mejor eso puede ser porque nos centramos demasiado en el cuerpo. Sin cuerpo no hay vida, ¿eso quién lo puede demostrar? Sólo los que ya no están, físicamente hablando. Supongo que cuando conectas con el alma de otra persona, sea quien sea, eso ya es otra cosa. Ya la otra persona si no está te falta algo, no sabes el qué porque no lo puedes ver, pero no veas cómo se siente. Es como mil puñales que te atraviesan un cuerpo intangible, no lo puedes ver, ni tocar, pero sientes cada puñal como frío metal que te atraviesa.






Voy a intentar que mi historia sea breve, no voy a contar sólo momentos felices, también existen los tristes, esos que regresan cuando todo va mal.
No intento que me comprendáis, no quiero parecer una niñata que no para de quejarse. Y por nada del mundo quiero dar pena.
Dar pena es el sentimiento más horrible que puedes generar en una persona, ese sentimiento de lo está pasando mal, pobrecita...
Lo odio, ya lo di, vi en sus miradas como su corazón castigado por el dolor les invadía ese sentimiento de pena, de lástima, de falsedad absolutamente tan humana.
Mi historia está compartida por más personas y si esas personas no mueren, parte de mí quedarán en sus recuerdos.

¿Preparado? ¿Estás seguro que quieres leer una historia en la que el dolor es un sentimiento permanente que sólo levanta heridas, ya no hay piel que dañar? ¿En la que una sonrisa duele más que una lágrima? ¿En la que reírse es obligatorio para aparentar el bienestar que todos deseamos? Si lo estás, adelante...


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