Hay historias que llegan lejos. Vuelan montes y atraviesan
montañas. Son como dulces sueños que en un principio parecen imposibles de
conseguir pero siempre, para que no lo veamos todo con la misma oscuridad de la
noche, nos hacen creer que todo se puede lograr y que nada es imposible si te
lo planteas de verdad.
Yo, con todo el dolor de mi corazón, he de decirte que es
falso, todas las historias contadas de pequeños son mentira, todas y cada una
de ellas. El mensaje que nos quería transmitir es sólo eso, un mensaje que se
queda en el aire por si alguna vez estabas equivocado o no lo intentaste lo
suficiente que te lo recuerden. Una y otra vez.
Superar los miedos es uno de ellos, aparece en todos y cada
uno de los cuentos. Y no se dan cuenta aquellos que los cuentan que ellos
mismos tienen temores que nunca se irán, y aunque creas que se han marchado y
que no volverán... Estabas equivocado, sólo basta con un tropiezo para que
vuelvan las sombras que creíste tener olvidadas en el pasado.
¿Te has dado cuenta que ningún cuento tiene un Final?
Simplemente te han solucionado un problema, en una breve historia de toda una
vida de un personaje el cuál lo inventaste para ayudar a aquellos a los que no
puedes ayudar.
Para mí una historia con final es cuando termina con la
muerte del narrador, de la persona que vive su historia, su cuento...
A mí los cuentos no me han servido de nada, los sigo viendo
igual de absurdos. No tienen ningún sentido, ocurren cosas extrañas para
promover la imaginación del niño y luego la sociedad se encarga de matarla
lenta y dolorosamente. Esperan a que sea una máquina de ella, una pieza más que
si falla ya será repuesta por otra, y así continuamente...
Nadie es vital. Lo siento. Ni tu madre, ni tu padre, ni tu
hermana o hermano, ni tus amigos, ni tú. Nadie de los que conozcas su muerte
hará cambiar el tiempo.
A lo mejor eso puede ser porque nos centramos demasiado en
el cuerpo. Sin cuerpo no hay vida, ¿eso quién lo puede demostrar? Sólo los que
ya no están, físicamente hablando. Supongo que cuando conectas con el alma de
otra persona, sea quien sea, eso ya es otra cosa. Ya la otra persona si no está
te falta algo, no sabes el qué porque no lo puedes ver, pero no veas cómo se
siente. Es como mil puñales que te atraviesan un cuerpo intangible, no lo
puedes ver, ni tocar, pero sientes cada puñal como frío metal que te atraviesa.
Voy a intentar que mi historia sea breve, no voy a contar
sólo momentos felices, también existen los tristes, esos que regresan cuando
todo va mal.
No intento que me comprendáis, no quiero parecer una niñata
que no para de quejarse. Y por nada del mundo quiero dar pena.
Dar pena es el sentimiento más horrible que puedes generar
en una persona, ese sentimiento de lo está pasando mal, pobrecita...
Lo odio, ya lo di, vi en sus miradas como su corazón
castigado por el dolor les invadía ese sentimiento de pena, de lástima, de
falsedad absolutamente tan humana.
Mi historia está compartida por más personas y si esas
personas no mueren, parte de mí quedarán en sus recuerdos.
¿Preparado? ¿Estás seguro que quieres leer una historia en
la que el dolor es un sentimiento permanente que sólo levanta heridas, ya no
hay piel que dañar? ¿En la que una sonrisa duele más que una lágrima? ¿En la
que reírse es obligatorio para aparentar el bienestar que todos deseamos? Si lo
estás, adelante...
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