Mis ojos arden en las llamas de la desesperación, decepción, odio y olvido.
Mi corazón permanece congelado por el frío viento de la espera.
Mi alma está encarcelada en la prisión de la libertad castigada.
Mi mente permanece tranquila a la espera de que los demás la den la razón una vez más. Con temor volverá a pensar en lo que sucederá con acierto odiado y queriendo ser olvidado.
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