Sólo nos queda esperar a que la tormenta pase.
Lo malo es cuando la tormenta uno la lleva en su corazón. Puede hacer el día más bonito del mundo, pero como estés encerrado en el dolor, la decepción, el llanto ahogado...
Mis ojos ya no ven el amanecer. Es demasiado doloroso tras una noche de llanto silencioso.
No quiero levantarme para vivir un día más de mi vida, de esta vida que tanto me cuesta sacarle una sonrisa.
Sólo quiero quedarme dormida para siempre, ahoga en las lágrimas que caen de mis ojos de oscuro cristal que no me deja ver la luz de cada día.
Ya no hay fuerzas para vivir un mañana. No hay ilusiones para dar un paso hacia delante.
Es demasiado doloroso. Mi cuerpo dice basta y mi corazón cansado del ritmo al que le toca vivir me dice que ya no puede más, que se quiere detener para siempre.
Mi mente no puede seguir hundiéndose en sus pensamientos amargos.
Llega un momento en el que la tormenta te hace olvidar cómo era el sol, qué sentías cuando su calor te abrazaba, cómo te sentías cuando llegaba la noche para descansar y no para llorar.
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