Cuesta tanto aparentar ser feliz y que todo va bien, que nada puede contigo y que siempre puedes sacar una sonrisa para quién la quiera.
Cuesta levantarse cada mañana para vivir un día que no quieres vivir, no lo quieres tener. Que la vida se lo dé a otro que lo aproveche mejor.
Cuesta tanto llorar en silencio por las noches, no puedes emitir ningún sonido para no despertar a nadie y que no se den cuenta de lo destrozada que estás.
Cuesta tanto estar distraída todo el tiempo. Me es imposible, no lo consigo. Puedo tener momentos de estar bien, normal, pero hay otros que me hunden en un mar de desesperanza y de realidad, dura y fría realidad.
Cuesta tanto saber la verdad. Sabes todo y en realidad no quieres saber nada porque nada importa. Nada te importa.
Estoy harta de esperar y que nunca llegue nada. La felicidad es un puto cuento que se cuentan unas personas a otras para mantenerse vivas, pero en realidad es una sensación como otras, breve pero intensa.
Es MUY breve, por eso le damos tanta importancia, porque es difícil de conseguir, pero cuando se consigue, aunque sea por un momento que bien se está y que bonito parece todo.
Lo malo es cuando conoces esa felicidad, pero no la puedes disfrutar ni un día entero, porque no puedes, las circunstancias te lo impiden, los pensamientos te lo bloquean.
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