domingo, 26 de mayo de 2013

No me cansaré de verle amanecer cada día.

Tengo momentos de tranquilidad, de paz, de creerme que todo puede salir bien y que algún día veré el sol y no me cansaré de verle amanecer cada día.
Hay otros momentos en los que la tormenta se convierte en mis pensamientos, envuelven a mi corazón y no paro de gritar que se callen, que ya basta de no dejarme ser feliz.

Me duele ver como la única luz que creía ver por mi ventana también se apaga, y va perdiendo fuerza.

Me gustaría poder ser yo su luz, con la misma fuerza y la misma intensidad con la que me ha ayudado, aunque muchas veces estuviese entre las sombras como el sol en la noche.
Pero no tengo fuerzas para hacerlo porque ya me apagué, ya no brillo y no tengo fuerzas para levantarme, y menos aún para brillar.

El sol siempre está ahí, aunque esté oculto entre las nubes o no creas que te cuida en la noche en la que la luna te acurruca con su manto de tristeza y llanto que tanto odia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario