Sin quererlo te echo de menos.
Te echo de menos esas noches en las que la oscuridad llena
mi alma de miedos.
Te echo de menos en cada amanecer en el que la luz no me
ciega porque no quiero abrir los ojos y descubrir que no estás a mi lado.
Te echo de menos en lo profundo de mi corazón, allí donde
siempre has estado en silencio.
Te echo de menos cuando todo lo que me rodea no tiene
sentido y si tú estuvieses a mi lado todo iría a mejor.
Te echo de menos cuando mi boca pronuncia tu nombre y se
queda colgado en el vacío de mi habitación.
Te echo de menos cuando mis lágrimas humedecen mi almohada y
tú no estás para acariciar mis mejillas y sin quererlo que deje de llorar y de
emanar más lágrimas.
Te echo de menos cuando mi mente no para de pensar en ti
mientras mis ojos te buscan sin encontrarte.
Te echo de menos cuando mis manos te buscan para poder
abrazarte pero soy demasiado cobarde para decirte ven y abrazarte como si te
fueras a marchar y a dejarme para siempre.
Sin quererlo. Sin buscarlo. Sin ser consciente... Te has
metido en mi corazón, has encontrado la llave que escondía bajo los
sentimientos y te has quedado dentro.
No sé si quiero que salgas de allí o por el contrario quiero
que te quedes para siempre, o por lo menos hasta que uno de los dos encuentre
otro dueño de su corazón en busca del amor.
Porque al fin y al cabo es lo que todos buscamos. Alguien
que sepa amarnos y que nosotros amemos, que nos cure las heridas que aún siguen
abiertas porque nadie se ha detenido a cerrarlas.
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